Este año acaba y este blog empieza.
Voy a contaros una historia, y con ella, espero conseguir que alguien se sienta identificado conmigo en algún momento.
Es mi historia junto a un grupo de personas que no conocía de nada, y al que de repente un
día empecé a llamar compañeros…
… pero antes de llegar a eso, voy a comenzar por donde se han de
comenzar a narrar las historias: por el principio.
Hace unos cinco años, tuve lo que se conoce como "una mala racha", mi cabeza
estaba desubicada, y yo con ella. No encontraba ese punto necesario que todos
necesitamos para ser feliz.
Acabé encontrándolo… de manera artificial. Resultó que el punto que
necesitaba se llamaba serotonina. Para el que no lo sepa, la serotonina es una sustancia necesaria para que
las neuronas hagan una correcta conexión entre sí. Si te falta, se desubica tu cabeza, y tú con ella.
Una vez conseguida la cantidad suficiente de ese “punto necesario”
que todo el mundo necesita para ser feliz, decidí que iba siendo hora de realizar alguna cosa que
hasta ese momento no me había atrevido a hacer: quería llevar a cabo alguna
acción que ayudará a la humanidad a cambiar el mundo (siempre he sido un poco fantasma y desproporcionado).
Yo tenía claro que era ecologista, o al menos eso creía. Pero mi
entorno la verdad que no compartía mucho conmigo esas inquietudes de la defensa del ecosistema, del medio ambiente,
los animales, las plantas y las flores de colores.
Yo tenía claro que era una persona de izquierdas… quizás demasiado
claro y demasiado de izquierdas. Pero mi entorno no compartía conmigo tampoco
esa sensación de que el mundo en el que vivimos es un poco mierdecilla…
Yo tenía claro que quería hacer algo para sentirme bien conmigo
mismo y con mis planteamientos de vida. ¡Yo quería cambiar el mundo! Pero mi
entorno no estaba por la labor de participar en ese cambio junto a mí.
Con lo que me había costado ubicar mi cabeza, y a mí con ella,
tenía también otra cosa clara, y era que no iba a cambiar de entorno. Quiero
mucho a la gente que me rodea aunque no participen en mi visión de vida, y hoy
por hoy, me he dado cuenta de que es precisamente este hecho el que me hace ser quien soy.
¡¡¡Pero yo quería cambiar el mundo!!!... así que busqué un entorno paralelo. Un buen día, decidí buscar a gente que pensara como
yo y entablar contacto. He de decir que la expresión “entablar contacto” es muy
adecuada, pues en ese momento no tenía muy claro si me encontraría con personas
normales, extraterrestres o gente rara que practica sexo con los árboles. Me
presenté en una cafetería llamada La Boheme donde se reunían en asamblea los
ecologistas de EQUO.
Respiré tranquilo, el entorno paralelo que había buscado era gente normal (o lo normal que se
puede llegar a estar si tu finalidad es cambiar el mundo).
El más joven tenía diecisiete años, el mayor setenta. La media era unos treinta. Ese día me encontraba en
la media.
Conocí gente muy preocupada por el medio ambiente y por el ecologismo, encontré gente que estaba más preocupada por asuntos
sociales que ecológicos, conocí gente que se consideraba más anarquista que política, encontré políticos que venían de diferentes partidos muy decepcionados, conocí animalistas veganos y encontré gente que se negaba rotundamente a dejar de comer carne. Gente que tenía distintos puntos de vista sobre
diversos temas y que eran capaces de hablar, debatir, reflexionar y sobre todo: sonreír.
Conocí lo que es tener mi entorno paralelo y disfrutar de él. Y a
día de hoy, no sé si habremos cambiado el mundo o todavía no. Pero sé que mis
compañeros cambiaron mi mundo.
Ahora La Boheme ha cerrado, y algunos nos hemos desenganchado porque necesitamos dedicar más tiempo a nuestro entorno que a nuestro entorno paralelo... Pero todos
sabemos que los extraterrestres que se abrazan a los árboles, la gente que
tiene sensibilidad por los animalitos y las flores de colores, los románticos
inconformistas que quieren cambiar la mierdecilla en la que vives, siempre estarán ahí.
Hace unos días se puso en contacto conmigo un compañero y me dijo: hay un blog en el que nunca
escribimos, podrías lanzarte y hacer una de tus reflexiones encaminada a
que la gente se plantee que: “lo mismo es un poco ecologista y no lo sabe" al igual que se
ha hecho desde el blog "el Saltamontes" de Ecologistas en Acción.
Yo, sin embrago, decidí escribir lo que me dio la gana, eso es otra de las cosas que
aprendí con ellos: a hacer lo que realmente quieres hacer y a que nadie se
moleste por ello.
Decidí escribir sobre mí. Y sobre ellos. Porque estoy seguro que quien se siente un poco
ecologista, ya lo sabe. Lo que ocurre, es que no se atreve a dar el primer paso para intentar cambiar el mundo. Yo lo di. Y eso hizo que mi cabeza
estuviera más ubicada que nunca, y yo con ella.
Fdo: un mindundi.
P.D. Si he conseguido que te identifiques de alguna manera con mi
historia... Quizá nos quieras conocer en la próxima asamblea... (te prometo que no practicamos sexo con los árboles).
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